contando contamos

Este sitio ha sido creado para que leas y comentes escritos literarios de los estudiantes de la I.E. Fe y Alegría Luis Amigó. Más adelante se pretende extender la invitación a participar en él a los demás miembros de la comiunidad educativa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

jueves, 19 de febrero de 2009

LA TORTUGA QUE QUERÍA SER PERSONA


Un día, el granjero trató mal a la tortuga y ella se escapó.

Por allá en el bosque la tortuga se encontró con un lobo, ella se hizo la muerta, el lobo pasó a su lado y no la vio.


Luego la tortuga salió de su caparazón y siguió su camino; más tarde se encontró con un leñador que la cogió y se la llevó para su finca.


El leñador le daba comida a la tortuga y la mantenía muy bien, y ella se preguntaba: “¿Será que creceré más? ¡Quiero ser persona para mantener a otra tortuga!”. Todos los días se preguntaba lo mismo. El nuevo dueño le daba y le daba comida, pero ella no crecía, hasta que un día ella pensó “¡Yo nunca creceré y nunca seré persona por más que coma!”.



La tortuga comía mucho y fue creciendo poco a poco, pero no como persona.

Entonces decidió ir al bosque a buscar a un mago que le diera una pócima mágica para convertirse en persona.


La tortuga se tomó la pócima que le dio el mago del bosque y al cabo de dos semanas se miró al espejo y se asustó: era tan hermosa que ni ella lo creía.

Convertida en una hermosa mujer, la tortuga se fue para la finca donde vivía y el leñador le preguntó “¿Quién es usted? ¿Qué hace en mi finca?”, y ella le respondió “Quiero una tortuga para llevármela a mi casa y cuidarla”.


El leñador, sorprendido, fue a buscar a su tortuga y no la encontró por ningún lado.




Ella fue a donde él y le dijo: “¿Me estás buscando? ¡Yo soy a quien buscas!”. Él se asustó al principio, pero luego la reconoció y la invitó a pasar.


Desde entonces, el granjero y la hermosa mujer se dedicaron a recoger tortugas abandonadas para cuidarlas.

JÉSSICA ARANGO LOAIZA 7°

domingo, 23 de noviembre de 2008

EL SUEÑO INJUSTO

En 1985 nació un niño llamado Jesús. Sus padres sabían que podría nacer mudo, y así fue. Pasaron los años y Jesús no podía hablar. Cuando cumplió los 11 años lo internaron en una escuela especial para mudos. Jesús era un poco tímido y no podía expresarse bien; casi todos sus compañeros de habitación lo miraban muy feo, pero uno de ellos, llamado Cristian, era muy amable. Se le acercó, lo saludó y lo invitó a almorzar.
Con sus señas, Cristian le preguntó:
- ¿Así que te llamas Jesús?
Jesús respondió:
- Sí, claro. Esto parece una escuela militar.
- Parece, pero no es así.
Terminaron de almorzar y Cristian llevó a Jesús a recorrer toda la escuela. Al caer la noche se fueron al dormitorio, arreglaron sus camas y se acostaron a dormir; Jesús estaba muy triste, puesto que extrañaba a su mamá, a su papá y su habitación. Cerró los ojos y empezó a dormir y a soñar.
Soñó que estaba en un mundo muy hermoso; caminó, caminó y caminó y no veía a nadie, hasta que se encontró con un extraño ser, mitad hombre, mitad caballo; Jesús le preguntó qué era él y el extraño le respondió:
- Yo soy un centauro y me llamo Señor Henry. ¿Tú qué haces en estas tierras?
- Yo sólo aparecí aquí y no sé cómo.
Al irse el centauro, Jesús se encontró con una paloma que le echó un líquido especial para que volviera a hablar; la paloma se fue y en ese momento Jesús se despertó y se dio cuenta de que ya podía hablar. Fue corriendo a donde su amigo a contarle todo.
Cristián se sorprendió y pensó que su amigo le había mentido y con sus señas le dijo a Jesús que ya no eran amigos y que no lo buscara. Jesús perdió a su único amigo sólo porque él no le creyó y en ese momento deseó con todas sus fuerzas quedar mudo de nuevo, para no perder a Cristian, su mejor amigo.

NATALIA SUÁREZ VIDALES 7°

UNA NOCHE Y UNA TUMBA

En una gran casa solitaria, que se ve desde mi ventana, vivía una mujer de unos 86 años que no soportaba ver personas y mucho menos niños cerca de su jardín. Ella era una mujer amargada, de mirada penetrante, de quien nunca se podían saber sus intenciones.
Una noche fría, con un silencio escalofriante, me había acostado temerosa porque era viernes 13. Estando acostada sentí un ruido que parecía como si estuvieran escarbando y me levanté para mirar. Cuando estuve en pie, lo primero que se me vino a la mente fue asomarme por la ventana que daba al jardín de aquella horrible anciana. Cuando lo hice, pasó por mi rostro una brisa muy fría, observé fijamente y vi que la anciana estaba cavando un hueco profundo; pensé que ella estaba enterrando a alguien y luego vinieron a mi mente muchos otros pensamientos. Mientras trataba de aclararlos, no me di cuenta de que ella me había visto y al descubrirlo corrí rápido a mi cama.
No sé por qué no pude dormir: si por pensar en para qué la horrible anciana cavaba en su jardín o por temor a que me hiciera daño al día siguiente. Me quedé toda la noche pensando, mi cabeza daba vueltas y vueltas.
A la noche siguiente, cayó una fuerte tormenta y otra vez escuché que escarbaban, pero esta vez decidí ir hacia allá para saber qué era lo que la anciana tramaba. Todo cambió cuando descubrí la verdad: tal como lo había pensado, la horrible anciana estaba enterrando los cuerpos de sus dos hijos y de su esposo muertos; pero más escalofrío me dio al darme cuenta de que había sido ella quien los había asesinado.
Me quedé allí para averiguar todo, pero no me imaginé que ella me descubriría y me atraparía. Era una bruja y en sus ojos pude ver un sapo, sin saber que a partir de esa noche el sapo sería yo.
La bruja me entró a su casa y me encerró como a un animal salvaje y después de un rato se hizo realidad lo que vi en su mirada. Al verme convertida en sapo, escapé sin que ella se diera cuenta.
Con el tiempo, la horrible mujer se enloqueció porque cada noche se le aparecían los espectros de sus hijos y de su esposo, hasta que un día decidió quitarse la vida.
Y, como no todos los cuentos terminan felices, yo no he podido volver a la normalidad: soy un horrible sapo que deambula por toda la ciudad.
LUISA FERNANDA VILLA BEDOYA 7°